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  CORREVEIDILE DEL LUSTRABOTAS

Correveidilero corre,
Correveidilero ve.
Corre ve y diles que vengan
a llorar junto a mis pies.

Tanto lustrar y lustrar
y no tener qué ponerse,
tanto tener que morderse
por no empezar a gritar:
que ya basta, que ya basta,
que voy a emplear la pasta
con que lustro los zapatos
para escribir en los muros:
se nos terminó el mal rato.

DICE LA MUERTE:

—No pierdas, pues, la ocasión,
muchacho, que voy a darte.
Ahora yo voy a lustrarte:
Coloca un pie en el cajón.

Tú te quisiste lustrar
los zapatos con la muerte
y al fin te quedaste inerte
mirándole su mirar.
Que es de un hielo negro dicen
las viejas que tienen pacto
con el diablo, y en el acto
te maldicen, te maldicen.
—Ya puse el pie en el cajón,
caballero, el pie derecho.
—Coloca ahora el izquierdo,
lustrabotas, y está hecho.

Cúidate del empujón,
hijo mío, cuidaté.

Que si pones los dos pies
te irás por el socavón.
—Pasta negra, pasta negra
solamente tiene usted.
—Yo lustro sólo con negro
de la cabeza a los pies.
Y qué precio he de pagar:
Mire mi ropa raída.
—Yo cobro solo al contado:
mi sueldo es tu propia vida.
—Su cajón es de difunto,
su trapo es una mortaja.
—Mi tinta es tu misma sangre
y hay un abismo en mi caja.

Correveidilero corre,
Correveidilero ve.
Corre, ve y diles que vengan
a llorar junto a mis pies

autógrafo

Óscar Hahn


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