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        LO DEMÁS ES SILENCIO
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La bestia yace rígida y hendida,
sin su jinete.
A ese cabello que trota loco por el monte le han herido en los ojos.
Y ese otro agoniza con las patas quebradas.
Los jinetes eran rojos o azules, qué más da,
la sangre siempre siempre es roja y ahogó sus gargantas
cortadas por el rápido cuchillo. Y la muerte es azul
como una flor enferma. Los traerán
en costales de fique,
extenderán sus cuerpos bajo la tierna luz de la mañana
mientras los niños suman en la escuela.
¿Cuántos?
Uno era Luis el personero.
Dos, Bastián, el vendedor de lotería.
Tres, el sargento Jaramillo.
No alcanzarán los rezos para todos.
El miedo sí.
No mires. Ya los traen.

autógrafo

Piedad Bonnett


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