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        ILUSO

No está el ocaso triste porque tú me abandones,
ni la noche es oscura porque yo esté llorando.
No olvides darme un beso cuando cierres la puerta
y guarda entre tus cosas mi perdón sin rencores.
Habrá labios futuros que te dirán "te quiero",
y caricias y orgasmos comprados y vendidos.
Todo será posible, que aún quedan muchos días
para la espuma inquieta que juega sobre el agua.
El corazón persigue la sombra de un ensueño
y unas veces lo encuentra tras la luz de unos ojos,
y otras, en la tibieza de una mano tendida.
Pero no sabe, ingenuo, vivir sin espejismos.
No importa. Tus caminos son tuyos. No es posible
ni vivirlos contigo ni por ti recorrerlos.
Cuando cese la rueda del amor y el olvido
y casi nada añores de aquello que buscabas,
llámame en el silencio, sin temor ni nostalgia,
con esa voz sin eco, con la que tantas veces
nos hemos entendido, que yo estaré aguardando.
Responderé. Y entonces, mi corazón y el tuyo
subirán a la barca del amor, rumbo al puerto
lejano de la muerte. De esa esperanza vivo.

Gonzalo Pulido Castillo


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