NO QUEDA NI UNA GOTA DE POESÍA

A Manuel F., que me enseñó el camino
 y no quise verlo

No queda ni una gota de poesía
entre mis manos.
Se evaporó la esencia de los días,
el trago amargo,
la soledad de agosto,
las cuajadas
y los relámpagos.

Tierno invernal,
el frío de las lluvias,
su verde claro,
esparramó cordura entre mis venas
y escanció de penas mi letargo.

Recuperé sin dicha la fortuna
del bien amado.

Quiero decir que siempre, desde niño,
alboreé la vida en mis poemas,
y en el rincón oscuro donde vivo
siempre soñé furtivo en ser poeta.

Pero es dolor del arte,
y no perdona,
que para alzar la copa del misterio,
hay que volar a ras de fango y lodo
y desnudar de dichas el silencio.

Que si el amor penetra en nuestras vidas,
y cambia soledades por perfidia,
va la poesía y se agota entre las manos.

Gustavo Adolfo Medina



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