MANOPLAS VERDES

A Fuensanta, que me las quiso comprar
aunque no pudo

De las manoplas verdes de aquella infancia,
aún guardo los recuerdos junto al fuego
y la mano desnuda sobre la esperanza.

Guarida de rencores y promesas robadas a las penas,
aún perdura en mí la esencia vacía de las palmas
de unas manos, que anhelan manoplas verdes,
pero que no pueden comprarlas.

Gustavo Adolfo Medina



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