Oda al pedo...

Alguien me preguntaba con pertinaz ignorancia un día: ¿Y qué es un pedo?... ¿Y qué es un pedo?,

Y yo al instante presuroso conteste muy quedo: Pues un pedo es un pedo, es: Gloriosa manifestación de la democracia alcanzada por una humanidad liberada de atávicos y absurdos preceptos respecto al buen obrar del organismo.

Un cuerpo de aire con corazón garboso, expresión genuina de lo que sucede dentro,
Un alma en pena o chocarrería palmaria de los desatinos del ano y de la sobrada potestad de su nombradía, que incluso a veces, y en exceso de su imperio, le hace salir premiado como si fuere un billete de lotería, o acaso un desmayado suspiro como esos inesperados que acaecen en el trance de muerte de algún agónico parto cuando el niño viene atravesado.

Si no se es cuidadoso con el petulante esfínter, este detona sin previo aviso, como explosivo, por lo que tiene bien ganado su carácter de: “Potencia ostensible”, “Señorío sin dueño”, “Portavoz del tripero” o “Useñoría sonora de los aspavientos del ano”; “Viento del diablo hacia el fin de términos” le definió con precisión Quevedo, quien fue para la humanidad el primer estudioso dello.

Asiduamente y con donosura de reyes, se pronuncia como la soltura incontinente de un aire húmedo y candente que desliza entre cualesquier par de nalgas; Con mucha fuerza, con grande prisa, tanta que a veces hasta causa risa por su intrépida imprudencia. Al sazón es una especie de miasma pútrido y perverso que errando en el aire cual si fuere peste, nos advirtiese de inmediato la presencia de algo muerto; Y es que por donde pasa sin licenciarse, va fumigando de impuro olor, la carcoma de la carroña putrefacta contenida en el tripero, más en individuos estreñidos, triperos envarados de varios días, o estómagos empachados o simplemente… retacados.

Según la ciencia médica, y los doctos estudiosos dello, el pedo es vida, vibrar de laúd del tripero con alborozado aleteo de nalgas; Empero, decir pedo y olor a muerte es misma cosa en estreñidos, quienes acusan mareo y náuseas en oliéndose los propios, en una especie de conspicua eutanasia que rebasa los ordenamientos religiosos y legales existentes, porque pareciera que atenta contra su vida misma al insuflar tan venenosos olores.

Y tienen mucho de divertido, como los niños mal educados, ésos broncos cimarrones que no respetan ni tiempo ni espacio. Y es por lo rumboso y lo oloroso, que es preludio forzoso de inconsecuentes mojones, que por aviesos, empujan el aire nefando enclaustrado en el cuerpo rebosante con presión incontenible, impeliéndole a salir del organismo para no seguirle emponzoñando, en una especie de “Natura.rechazum est”no siéndolo, obedeciendo el hecho a una limpieza general del organismo.

Quieran los Dioses que nunca te sometan al suplicio de traer atravesado un pedo en medio de dos mojones, porque en conteniéndote tantito, el primero dellos saldrá a modo de tapón de sidra con grande estruendo y mayor tronío, y si por desgracia anduvieres suelto, observarás que la presión torna aquello en llovizna florida de bazofias y embijadero de aquel pobre retrete que quedará hecho un asco.

Es por arcano florilegio, algarabía rumbosa, verso alejandrino, desenfreno licencioso, liberación golosa de nauseabundos gases que irrumpen en tropel como rebuznos al rayar el alba, al medio día, al crepúsculo tardío, o en cualquier momento del día, como si el largo día le pareciere breve intersticio para insuflarnos de su música y aromas.

¡Oh mi Señor!, ¿que es este ruido canoro que a veces surge con arrepentida desgana, o por el regodeo inconfesable de profesarnos en plenitud de funciones?; Y si bien heroico y de tronío bravío, resulta por demás confortativo por lo ardoroso, siendo verdad evidente que se los tira así, en forma cotidiana casi toda la gente.

En esta suerte de altanera gana, nadie de su obrar escapa, porque incluso es cosa sacra y ni a los confesos releva. Los hay de connotación diversa, cultos por paseados, o ignorantes por boquiflojos, así también les reconoceréis adultos quejosos por lo destemplado, como atronadoramente descarados por facinerosos, otros más humildes por descalzos y más propios de mujeres, acusan de la ausencia de cacofonía, aunque no les libera por mansos de plétora de pútridos olores.

Y los hay gordos y flacos, según el grosor de los tacos, y si bien les escuchares gemir afligidos por huérfanos como precarios, también los oirás ruiseñores y de gregoriano jolgorio. Todo depende del bastardo esfuerzo que aplicare el descolado para retraer o distanciar las nalgas, ¿o acaso será solamente una prolija cantata fortuita de los azares del ano?

Otros maravilla serán siempre por doctos y refinados, tan propios como notoriamente educados, pues se los tiran los Licenciados; Estos por siniestros, tienen algo de perversos, que si los resistieres remiso en el banquillo de la paciencia y sin amparo judicial en mano, te cargan seguramente al pozo, porque es demencial el oponerse al arbitrio manifiesto de una natura en reclamo.

Si un mal día de Dios, un pedo tocare a tu puerta; No le antepongas madero, déjala abierta; Deja ahí que entre lisonjas resople, que torne, que revolotee y oscile; A ver si hay cabrón que le respire.

Leopoldo Peña del Bosque



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