anterior    aleatorio / random   autor / author   inicio / home   siguiente / next

      DIVAGACIONES PARA UNA NIÑA TRISTE

En el eterno desagüe del insomnio
la niña triste que parece un retrato
desgaja el loto de sus pies desiertos
caballeros de cristal sus ojos saben
invadir la calle donde no hay preguntas
no se atreven a cruzar la puerta rota
en la barrera de la voz
                        el paso tiembla:

… la cárcel de su nieve sin claveles
las aguas inmortales del eclipse
el nido de los pechos en el humo
el secreto de la vez primera tan nombrado
la tierra convertida en velo que descorre
el naranja de la lluvia en las alcantarillas
el duende en el fugaz derrame del desvelo
la mano que no espanta traduce la mirada
lo que no confía se añade al siempre de la angustia
por todas partes vuelven los que aún no se han ido
los más heridos pierden la ruta en la esperanza
los centros tienen frutas que convidan al beso
las fábricas de orígenes nunca cierran la puerta
las mariposas saben como duele un relámpago.

Quiere huir
                  del susto de las cucarachas
de su propio cadáver
                      con dolor de vida
rebuscar entre nombres sin uso las llaves
la anchura del lazo que jamás la borre
vencer la muralla de las duraciones
sortear el precipicio en la espiral del tiempo
tocar la salida
                    tachar la indiferencia
volver a ser enjambre de palomas tibias:

El grifo de la luz cerrado
en los flancos de la melancolía
la más invariable esperada sorpresa
la verdad de engañarse en un rayo de duda.
El graznido miente si no augura tormenta
las flores se apartan del chillido
frente al tiempo deforme de los jorobados
los que se asombran no detienen el hambre
los que saben esperar no pierden tiempo
las mulas tragan el polvo de la muerte
para cruzar a la orilla de los que han comido
los nuevos edificios pintados en espanglish
destilan mitológicas palabras duraderas
las calles son gargantas que escupen el pasado
el color atestigua el estado del enfermo
donde no hay manzanas las niñas no se duermen
ni se seca a la sombra la tinta derramada
E negro, el indio, el chino saben
combarse bajo el banco que acuchilla el remo.

Esa niña llena
                  de brizna y de cenizas
de calamares cálidos refulgentes y azules
entra en la tramoya de la certidumbre
llevada por el eco de las alegorías:

Los que piden limosna reciben cerraduras
los cazadores confunden el fuego con las presas
no siempre hay caminos para florecer espigas
ni disparos que ahuyenten el perro del oído
los escarabajos ignoran el grafitti
y hasta las consecuencias de conducir borracho
la máscara se acerca muy quedo a la sonrisa
el horizonte repta en el final del juego
los caracoles duermen donde no hay urgencia
pero la noche vuelve
                          se apresura y cierra
todo lo que huela a una mejor salida.

Y la niña triste que parece invierno
entre cántico apagado y torbellino
duerme la vida en el papel soñado
llevada por el hilo de todos los que huyeron
al carnaval sin nombre de la ciudad sonámbula
en que pían los pájaros metáforas viejas

…Sin maldad la fuente no se enoja
cuando hay claridad la calle no se pierde
la farola sabe que los que no vuelven
tienen un espacio donde siempre llueve
hija de la alquimia el alma busca
aperturas de vuelo en el sentido
correr en el velódromo de todos los transcursos
con el carruaje tácito de los que nunca duermen.
En este tiempo empapado de planetas, beber
de una mirada en la copa que se ofrece
la música que nunca se convertirá en veneno
con la mano inmóvil en el calendario
y la boca de piedra que endurece el grito.

Esa niña triste que parece ausente
asiste a los comienzos
                          presencia los finales
enferma de intervalos y de continuaciones
hurga en la memoria de los barcos hundidos
que atesoran el eco intacto de la muerte:

…hay una flauta, un dedo, un racimo de raíces
sorprendiendo a los fantasmas que espían los registros
no hay señales que muevan el ala en la memoria
donde acampan los sueños cuajados de pesquisas
falta color y lumbre en las campanas secas
agua cerrada ausencia de despertadores
cuando la curva abierta elude el infinito.
No teme a la muerte del fuego o de la sangre
ni a la aguja que ensarta corola y tempestades
ni a los soldados huérfanos que no tienen bandera
ni a las otras que son ella apagadas por las flechas
teme la soledad de aquellos ojos yermos
desidia de musgos y espadañas.

Esa niña triste que parece distante
flota en las planicies de las moratorias
en el arpegio mudo del rostro detenido
esa niña triste que padece el frío.

octubre 10 del 2005
autógrafo

María Eugenia Caseiro


subir   poema aleatorio   María Eugenia Caseiro   siguiente / next   anterior / previous