LUCHA NOCTURNA

En esta noche de luna llena
mi alma pena,
mis labios sonríen
con los borrosos recuerdos pasados.

Sentimientos contradictorios
pasan por mi mente,
mi corazón no entiende,
mi razón se pierde
en confusas y diversas ideas
sin forma, sin color, sin futuro.

Amor, odio,
recuerdo, olvido,
rechazo, deseo,
fuera, dentro,
un corazón partido al medio.

Sol y sombra,
noche y día,
descanso y fatiga,
lloro y risa.

Escucho entonces una voz seductora
en el silencio de mi lucha nocturna,
de mis ojeras profundas del desvelo,
que me sugiere esperar en silencio
hasta recibir la respuesta.

Me quedo media dormida
hasta que un rayo furioso
cruza por la mente apacible
y tomando las riendas del corazón alocado,
razona que debo desmayar, luchar,
compartir, seguir, vivir, reír,
olvidar y dar,
esperando el tiempo y lugar
donde no habrá más dudar,
más llorar,
sino gozo y felicidad
para siempre jamás.

Dios mío, amar sin más,
a todos y siempre
hasta el más allá.

Cerrar los ojos de la razón,
abrir las puertas grandes del corazón,
vivir el hoy, mañana no existe,
el ayer ya pasó,
dejar de soñar, hoy,
hoy, y nada más.

Dormir con la esperanza
de si mañana no despertar,
haber hecho más de lo suficiente,
haber luchado hasta el final,
y recibir el premio en el más allá
por no haber hecho en esta vida
nada más que amar.

En esta mi profunda reflexión,
miro una foto,
una dirección casi borrada
sobre mi escritorio descansa,
una rosa desmayada
aún da su olor,
un sobre sin sello
—ni remitente—
lucha por llegar al buzón,
quiere ir, quiere comunicar
el vacío de la sinrazón,
decirle al destinatario
que todo va bien sin ir,
que me importan las consecuencias
de la decisión loca y acalorada
de una noche de tormenta
sin rayos de luz...

Pero que quiero amar,
que vivo sin respirar,
que no quiero estar sola
en esta noche invernal,
que quiero su compañía eterna
que le quiero sin igual,
que deseo luchar,
para al fin obtener la paz
del reencuentro,
en este laberinto de sentimientos,
de pensamientos, de intrigas
y de recelos.

¡Oh!, vuelve, es un grito de anhelo,
estoy dispuesta a amar
—sin más.

Loly Ouro «Nekane»

María Dolores Ouro Agromartín



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