La confianza
Es una maravillosa palabra
Que acerca, que anima,
Que indica que te aman,
Que produce en tu alma un calor misterioso
Que genera un volcán de palabras.

Lo contrario
Es como un fuego que te quema,
Que  no deja nda,
Ni ánimo para el día,
Ni alegría,
Sólo desolación y el alma herida.

Cuando piensas y reflexionas
Quien confía en ti
O en quien tú confías,
Pocas palabras, pocas caras
Vienen a la mente,
Más bien casi ninguna
Por no decir nadie.

Cuando piensas y reflexionas
En el pleno significado
De la palabra,
Sólo pasan por la mente,
Interés, egoismo, amargura,
Manipulación e hipocresía,
Palabras viles y crueles
Rostros y miradas
Que traicionan
El alma.

Pareciera un erial,
Un desierto en mi alma,
Tú también me traicionas
Bajo un manto de bellas palabras,
Bajo una mirada cómplice
Con la desconfianza,
Ese secreto que,
Como una tumba
Debería permanecer
En el umbral de lo inaudible,
Salta a voces por encima
De la mirada suplicante,
De la confianza apuñalada,
Del sangrante corazón herido
Que en nada ni en nadie
Puede encontrar la calma.

En medio de mis lágrimas
Me atrevo a mirar al cielo,
Y descubro, en medio del miedo,
De la incertidumbre y el deseo,
Un rayo de luz
Que alumbra mi sendero.

Oh, sí, me olvidaba,
Sólo tú eres mi amigo,
Pero al menos puedo contar contigo.

Eres el único amigo,
Pero eres el amigo único,
El amante desconocido,
Tan pocas veces
Depositario de mi confianza,
Pero siempre dispuesto y tierno.

¿Cómo puedo pedir confianza
cuándo yo misma desconfío,
incluso de mi único amigo,
y hiero su ya corazón sangrante y herido
de verme tan desagradecido
ante su gran amor desinteresado y amigo?

Gracias, Jesús,
Porque a pesar de mis desvaríos,
Siempre estás conmigo.

María Dolores Ouro Agromartín



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