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LA VIDA ES ESA LUMBRE QUE CONSUME A AKRA LEUKA

            I
El prometeico don

Cuando el hombre y su mano
alumbraron el fuego
y la ígnea combustión
comenzó a su albedrío
fue su hogar un espacio
que se llenó de lumbres,
y. aunque, a veces, la luna
ocultase sus albos
y luminosos rostros,
no fueron ya las noches
los reinos de lo oscuro,
y fue el mundo más claro,
menos terrible y frío.

Olimpiadas y dioses
tuvieron un cortejo
de inextinguibles lumbres,
crepitando incesantes,
ardiendo y consumiéndose,
cual corazón que riega
el cuerpo donde habita
y en sueños y en vigilias
sabe que, transportando
la sangre que lo riega,
es quien lleva su aliento
a su extensión completa,
porque si se apagase
todo sería silencio
y las silentes sombras
se adueñarían de aquel
cuyo latir cesase.

Por eso desde entonces,
desde que el hombre supo
domesticar al fuego
y Prometeo entregase
su rayo a nuestra especie,
él es su compañero inseparable,
y fuego y vida son
dos ámbitos del hombre:
de un corazón que late
y en el hogar se acoje
mostrando y descubriendo
su abyección y su gloria,
puesto que sin pìedad
constituyó la pira
en que otros hombres fueron
condenados a arder,
a que su vida fuese
consumida y quemada
como otro leño más
que alimentase al fuego,
y él también ilumina
al amor en la noche,
y permite al amante
el divisar el rostro
que dibujado tiene,
muy dentro de su pecho,
sin que puedan las llamas
exterminar las médulas
de los que tanto amasen
aunque en blancas cenizas
el tiempo las convierta.

            II
Sucede en Akra Leuka

Cuando el solsticio llega
hasta la tierra nuestra
a la que la tanta luz
con tanto amor la acuna
que por su claridad,
fue llamada Akra Leuka,
miles de hogueras nacen
de su reseco suelo
y el tórrido estiaje
se proclama y constata,
en el Sol que la abrasa
con su calor que es vida,
y nos brotan y crecen
mil dichas y entusiasmos,
que llegan de los astros,
desde celestes orbitas,
cual lumbres que, en la tierra,
a otras lumbres inician,
así es fuego la vida
que en Akra Leuka estalla
y en nosotros habita
hasta que es sólo polvo
que en el cosmos se pierde.

Manuel Parra Pozuelo


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Incluido en El vulnerado silbo indestructible. I.S.B.N. 84-8454-232-7 y Depósito legal A-168-2003