PENSANDO EN LA QUINTANA

Para mí el reclinatorio,
que tu pecho y tu pelo sean retablo

Para tu cuerpo mis manos,
que en el templo celebren de oficiante

Para mí el incienso de tu sexo
que es Credo y Padrenuestro,

Para las Lecturas de los Evangelios
que abran por el embozo de la cama,

Para la hostia otro horizonte,
que tu lengua se deshaga en el cielo de mi boca

Para el sagrario tu Sonrisa,
que siempre nace amaneciendo.

Tomás Díaz Cuadrado



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