DECLARACIÓN JURADA

En pleno uso y derecho de mi conciencia
que confiere con firmeza mi calidad de sobreviviente,
declaro lo siguiente:

“Que por alguna razón
he sido poco razonable,
ligero de sangre,
oscuro, demencial, callado.

De costumbres serviciales
e intenciones poco claras.

De golpes austeros,
de cerebro abandonado.

Cauto e insolente con lo ajeno,
pasmado ante la falta de color y sueño.

Dejo constancia ante mis requeridos
por si faltara una palabra,
un sable semiturno, una noche,
o en su defecto un comedor abandonado.

Agrego a esta Declaración,
mi falta de coraje,
especialmente por las tardes,
reflejado frente a un ocaso.
 

Juro además mi carencia de opiniones.

Mi sentido no resiste las verdades,
ni las emociones que produce el pasado.

Frente a todo esto
y a las contundentes pruebas,
me declaro en estado de sonámbulo.

Voy y vengo,
no doy más de dolor.

Mis pantalones,
las suelas y los cordones
se resisten.

Nadie quiere moralejas,
ni estaciones antiguas del tiempo.

He de probar mi culpabilidad absoluta,
sin salvación, resucitación u honores
parecidos a homenajes,
clamores populares o redenciones.

Me dejan,
se van,
me olvidan.

Me recuerdan, invocan, relegan.
 

Mi testimonio escrito
no ha de ser leído.

Simplemente vienen,
me dejan y se van.

Soy infeccioso de palabra,
ácido, romántico, moderno y solo.

Cuidado a los que leen,
pueden saltar pedazos de verdad
a sus rostros.

Anoto en esta Declaración
mis bienes más preciados:

Un libro circular, una bicicleta sin frenos,
una escotilla, un pedazo de papel, una ilustración
no terminada, cigarros húmedos, árboles varios,
decenas de líquenes, ropa usada, muebles perdidos,
cosas que no recuerdo, películas mudas,
colores, llantos, risas, santos en figuritas,
lluvia, fotografías, momentos, etc.

El haber realizado un aterrizaje de emergencia
me pone en desventaja frente a todas las cosas
que impuse.

Quise encontrarme con mi padre
y este detuvo su sombra en una estación.

Sus piernas enrarecidas dejaron de caminar,
su boca dejó de moler,
su angosta espalda dejó de sostenerlo.

Por eso,
vacíenme, despídanse pronto.

Nada de discursos o de semejantes neutrales.

No flores,
no paraguas ni canciones.

Tal vez una simple oración de un santo modesto.

Declaro algunas cosas que hice:

Conocí a Venus, fabriqué cosas inusuales,
maté en sueños, vi ángeles, compré libros de
aritmética que odio, subí a mi verdad,
inventé una mentira, callé para siempre.

Con fecha de hoy firmo esta Acta
en nombre de mi delicada razón.

Me declaro feo, usado, tieso, odioso,
impío, mojado.

Quiero ser tú,
no quiero ser yo.
 

Por último,
dejó una Declaración arrepentida,
un cimiento, una venganza.

Es tarde para salvarme,
por eso escribo esta,
“Declaración Jurada”.

Waldo Marcelo Mallea Hernández



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