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            LIQUEN 67

La tarde estaba sentada
con su sombrilla de seda
en la arena de la playa.
El sol le hablaba de amores.
La tarde no contestaba.

Una barquilla le dijo:
—Contigo, ¡qué dulce el agua!

Y todo el mar fue de azúcar.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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