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        HABLA UN INTERRUPTOR

No me preguntéis cuántos pensamientos
caben a la redonda en mi cabeza
porque os diré que tantos
como acantilados en un percebe.
Pero cuando orino a la hora de la nostalgia
no recuerdo la lectura si los libros son verdes.
Y bien sabéis que una cartera de piel de ante
puede magnetizarme teniendo las manos apagadas.
Y que mi sueño más bello es aquel
en que una mujer desnuda se va quedando
transparente como un farol tocado de ateísmo.
Y que sólo contraería matrimonio
con una brújula
a condición de tener cuatro hijos ciegos.
Y que si mi risa es una catarata puesta a secar
es porque la música de los pájaros
me sugiere una pelota que se hincha de turbias patadas
y porque las bocinas de los automóviles
tienen olor a arcoíris.
Las ventanas que dan al patio de los contratiempos
son del mismo matiz de mi frente
y desde ellas prefiero, de tarde, la letra m  si es pelirroja,
al amanecer, una entre la g  y la h,
y al mediodía, la misma que picotean los tirabuzones del alba.
Como mis sentidos nacieron en una naranja con relámpagos,
a veces,
cuando la noche no está de guardia,
la lluvia puede dilucidar la joroba de un centinela.
Pero a pesar de todo esto
nunca acariciaré los rayos del sol
porque mi soledad está siempre libertando
cerrojos del tamaño de hombres.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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