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        DÍAS AMOROTADOS

De marfil son las ansias que me esculpen tus días sedientos
por todos los rincones que me inclinan a ti,
que me dirigen a los oasis impresos en tus rayas dactilares.
Hay imanes de rosa en el invernadero de tus nardos
para que las mieses que empurpuran un estío de angustia en mis siestas
amanezcan trilladas por carros de combate en las pupilas de las eras.
Los imanes son las ansias que invernan en tus días de nardo,
que me inclinan las mieses amanecidas en tus oasis de oros sedientos
para que los carros de combate impriman mis angustias en las pupilas del estío.
Hay recodos de marfil en las sienes que languidecen púrpuras dirigidas,
que esculpen mis rayas digitales en tus eras de rosa
donde trillan todas las preposiciones que rigen tu recuerdo y el mío.
Y hay oasis que angustian pupilas de combate sobre carros de ansias,
y oros que se dirigen a tu amanecer de rosa sedienta,
y recodos de nardos por las sienes de tus estíos digitales.
Y así recuerdos, aguas del pensamiento y vinos del instinto
van, vienen, giran su minué enloquecido,
se repiten en los cohetes de lágrimas del tiempo
y son una insistente letanía de olas semejantes.
Hasta que un latigazo que se enarbola de fuera de nosotros,
de atmósferas incendiadas o de nubes ingenuas,
nos arranca de la peonza que nos trilla la sangre.
Y de estos móviles delirios
está lleno el cojín de mi reposo inarticulado.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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