anterior autor siguiente

        CON LOS DÍAS CONTADOS

Se sobrevinieron las heces de un rencor lejanamente fermentado
que a ti te hería en tu heroísmo de golondrina lañada
queriendo saltar sobre las cuerdas vocales del grito de mis cimas.
A racimos de vigilias se trasponen las veredas de tus valles sonrosados
cruzando por un aire que se siente azul en tus pupilas
y desaliento de perseguir vetustos himnos de fósiles recuerdos.
Por ti arriba subían las sombras violetas de los ritos guerreros,
de los galoneados atardeceres de entonces,
cuando tú y yo teníamos un arroyo
que nos seguía por los bosques como un perrillo de aguas.
Todo era un laboreo de colmenas indolentes.
Por todo retoñaba el abrazo de nuestras venas sueltas
en su libre albedrío de transportar mieles, pétalos de niebla o delirios.
Era cuando tú te bordabas en un beso todo el paisaje
y cuando te abrías las peñas que te manaban muslos
o estrábicos moarés con las contorsiones de un espasmo de jade.
Si todas las mariposas han de clavarse en mí con púas de erizo,
rómpeme esta áspera envoltura que me enquista,
no me retengas al pie de este castillo de fríos bisbiseantes,
de cataratas muertas por consunción.
Tú me vives en los años que se me han ido desprendiendo en los combates,
en mechinales que tienen el tímpano roto por las explosiones
en los torcidos reflejos de mi sombra.
Pero yo, con la vida a media asta,
veré ahogarse el último marinero
de tu arsenal de azúcar, terciopelo y desatadas lumbres.
Y tal vez figuraré en la próxima lista de desaparecidos,
siendo ya el féretro que encierra los restos de aquel otro que era,
de aquel cuyo entierro paseo en el armón de mi cuerpo de ahora,
entre las letrillas rumorosamente irónicas que crepitan
anónimas esquelas de la fosa común.

autógrafo

Pedro García Cabrera


subir volver Entre la guerra y tú (1936-1939)   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio