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        MANICOMIO DE PAZ

A la oscura pregunta con que los cisnes negros interrogan
a la estrella polar de su destino
contesta toda la Osa con la blanca respuesta de su luz.
Así tus salinas de ternura al cayado de aorta de la guerra.
De un desván de lunas leporinas, lágrimas rotas y zodiacos de bruma,
una mano de encaje me estira este camino de intransitables nudos,
abandonado en las vías muertas de mis sienes,
y otra mano de espuma me viste sombra nueva para cuando regrese.
Una suave penumbra me mulle entonces el atardecer
y me derrama en la nostalgia de tus acordeones ahogados.
Una primavera me llueve tardes que en ti se abisman,
noches por ti abrigadas,
espejos que se hunden en muelles lejanías de gestos y collares.
A mi sed de preguntas duerme tu afán de rosas sin espinas.
A los goznes chirriantes de mis puertas interiores, tus pasos de peluche.
Al riesgo de saltimbanqui de mi propia sangre,
la seguridad de tus ojos de firmes horizontes.
A mi insomnio de ratas y luciérnagas,
la vigilia esmerilada de un lago de mercurio en tus caderas.
Esa eres tú, la paz, un manicomio de rosados vinos,
voz que verdea yedras sobre ruinas.
Y mis caballos negros se adormilan en tus pesebres blancos.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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