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        ÉXTASIS ENTRE ESPINAS

De coral es la linfa que sobre ti reposa su piscina de hielos,
coral evadido de lumbres,
lumbres entresacadas de tus vestíbulos de ceniza,
que son redondos alambiques que destilan pálidas rubicundas.
Con tu noche en los brazos de mi noche,
un resplandor rojizo me abreva fuentes de llamas
que corre con el hilo de un cohete de tu mano a mis sienes
y urde marinas deshojadas en telares de niebla.
Bien sé que nuestro ayer de cereza mordida a un tiempo mismo
ha secado sus labios, quemados por escarchas y ausencias,
que los trenes iban repletos de espejos conmovidos por rieles asonantes
y que había un laberinto de cipreses perdido en el polo sur
de un canto rodado de jilgueros.
Pero eso era antes, cuando la paz y tú eran hermanas siamesas
y entrabas por mis galerías con tu traje de inmensos imperios de avellana
y un dulzor de cilindros resonaba nibelungos en el escote de tus ramajes.
Pero ahora que esquía la desilusión ramayanas de saltos mortales
y albas gorgueras de pórfido pulsan trastes de violoncelos desgarrados,
las bielas de tus lentas locomotoras cautivas
son espirales de volantes dentro de tu clepsidra y relojes de púas
que miden un calvario aposentado entre los dos vacíos aislantes
de nuestra comunión de espadas, besos y rosas escalfadas.
No hay colores en ti. Todo es un hervor
de malqueridos soles y lunas en degüello que
a gritos de esmeralda
corta un vidrio de sal con un llanto ahumado.
Pero es dulce ver granar las espigas de luz en tu mirada
y retoñar silencios en las caderas de tus móviles oros.
Mi dolor es entonces una quimera lejos del bosque de mí mismo
que sólo quema si lo toca la rabia de mis dedos de ahora.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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