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        EL ECO ILUMINADO

No sé cómo este brote de ilusión pudo burlar los riesgos
de tantos dientes de volcán que rechinaban los belfos del aire,
de tanta migración de bisontes con mugidos de acero,
de tantos agrios abejones que salpicaban la sangre del otoño,
para llegar sin lastimarse la mariposa de su luz
y traerme el eco de la campana mayor de tu ausencia.
Con las alas mojadas por las lluvias de los caminos,
lo miro oscilar
entre tu sed y mi sueño,
entre tu palmera y mi nube,
primogénito de las selvas del mar
y los valles de la esperanza.
Entonces, cuando se suelta los cabellos,
aunque prosigan las balas azuzando la furia de sus tempestades,
la piedra del suceder se afirma en la dureza del instinto
para saltar como una ola sobre tu ramo de curvas,
sobre las corzas que pacen tus nardos.
Y tu mano me grita la llave que te guarda
y mi mano te lleva el lecho resonante de un violoncelo.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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