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        LA FARSA SIGUE EL BAILE

Me llega ahora un rayo de luz ultravioleta que me azula la torre
donde tu gran campana de cocaína repica prados verdes.
Agudísimo, apuñala un vitral hacia un poniente de heridas inflamadas
para ilusionar la cabellera marchita de un búcaro convertido en silencio
cuando marchaba por un camino de mesa al país del olvido.
Y trae recuerdos de los adioses que parpadean los luceros,
de las rondas de fuerzas siderales que musculan los altos espacios,
de la hucha del horizonte donde guarda el cielo sus monedas fugaces,
de todo lo desprovisto de carne, sangre y lágrimas y saltos de fuegos mortales,
recuerdos de arriba, de las nítidas comuniones del aire con su propio regazo
cayendo por sus filos, resbalando mirada vertical abajo,
flamígera espada de un ángel con pico de paloma y alas de olivo,
rayo que desciende, arrulla la tormenta de hombres armados de garras
y atraviesa los riscos del odio con su largo silbo de paz,
rayo que retoña la tierna sombra de arboledas inválidas
y plañe por los campos el dolor de los frutos.
Así monologaba por mí el fusil,
que empuña aquel que se disfraza conmigo,
antes que el plomo de sus hechos desmienta su sueño luminoso.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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