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    EL FANTASMA DE LOS BULOS

Aunque fosos de tristeza
a las sienes pongan cerco
y cierren mares de angustia
interiores archipiélagos.
Aunque sea cada hora
muralla de aislamiento
y alce púas y cerrojos
el candado del asedio.
Aunque envenenen las aguas
de más nítido abolengo
y guarden a plomo y barro
pensativos azulejos,
no habrá oasis que madure
sus palmas en el desierto
ni polo sur que patine
sobre nevados secretos,
que no burlen las consignas
para su almíbar tendernos.
Aquí se sabe la hora
de imaginarios relevos,
en qué instante el caracol
emergerá de sus cuernos,
el país en que los hombres
llevan una estrella dentro
y cómo deben dormir
la serpiente y el mochuelo.
Sólo se ignora que somos
manzanas de un mismo cesto,
cuentas de un mismo calvario,
letras de un hosco alfabeto.
Y aunque se digan palabras
que suenan a compañeros
la amistad no se descalza
la reserva de sus zuecos
ante las iras de cuarzo
que laceran el terreno.
Pero seguirán llegando
los más variados sucesos.
Que al pie de un rosal de nubes
se ha encontrado un cementerio
de mariposas doradas
en frentes de guerrilleros.
Que en una playa remota
yace encallado un torpedo
donde llevan las gaviotas
a malmorir sus polluelos.
Que las flores de la dicha
son como labios bermejos
y sus frutos tienen toda
la redondez de los senos.
Y que una aurora pervive
entre montañas de presos.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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