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        GRANITOS DE ARENA

                        VII

Y no se duermen en un punto muerto
tus infinitos, mínimos taladros.
Con su inquietud de hormigas presurosas,
los aguijones clavan sin descanso
en la carne del viento, en la colmena
de un oscuro rincón de deportados.
La lluvia pertinaz de tus avispas
duele en sus duros arabescos agrios
y repica en los múltiples tambores
que tensa el día por los aires bajos.
Y te adentras a fondo en los vestidos,
en las nostalgias de talón alado,
en las mil y una noches del insomnio,
en los ojos del pan, en los zapatos,
martirio y cruz de todos los remansos.
Hasta en la voz del pensamiento te hallas
oyéndole volar, hasta en los tramos
de las últimas sangres que recorren
mis relojes de besos y de halagos.
En todo cuanto viva, aliente o sueñe
se filtra la agudeza de tus granos.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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