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        GRANITOS DE ARENA

                        XXXIII

Como en los duros filos de un alfanje
la duna desolada de mi cuerpo
va hacinando el acervo de mi sangre
al vaivén de la arena del recuerdo.
La oigo en mí, latiendo con mis venas,
afirmándose al árbol de mis huesos
y batiendo la isla de nostalgia
naufragada en la ola de mi pecho.
Sus mínimas agujas impacientes
van desde mi balcón a tu silencio
y vienen de tu giba a mi llanura
en un trajín constante de hormiguero.
Y en tu éxodo de granos lacerantes
confundes con el mío tu desierto
y te echas a dormir sobre mi angustia
cual si estuvieses en tu propio lecho.
Y pasas de ti a mí tu poderío
haciéndome acerico de tus juegos.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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