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        GRANITOS DE ARENA

                        XLVIII

La rosa de los puntos cardinales
pierde aquí su trinar de direcciones
y una sed que a sí misma se devora
ha usurpado del tiempo los relojes.
Es ella la que mide y la que tasa
agonías, minutos, corazones...
Y no late, ni avanza, ni transcurre,
coagulada en su avidez insomne.
Es ella la que agosta tus estiajes,
la que seca el jardín de los colores,
la que con su odio a muerte martiriza
avestruces, miradas y horizontes.
Y se tiende en los anchos de tu arena
su ventosa insaciable, su deforme
mezcla de esclavitud y desasosiego,
clueca que incuba pairos de crisoles.
Tú deshojas la rosa de los vientos
preguntando a sus pétalos enormes.
Pero no te dirá, no dirá nunca
dónde los ríos su secreto esconden.
Y has de morir quemada por ti misma,
sin encontrar de la frescura el norte,
en esa hora eterna de suplicios
que no marca el tic tac de los relojes.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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