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        EL SAUZAL

a Tomás García Suárez

De la mar hasta Ravelo
El Sauzal alza su copa
de un vino tinto que pone
el corazón en la boca.
Con su vocación de cepa
y del romance la forma
se asonanta de racimos
por pendientes y amapolas.
Y se estira como un galgo
desde el umbral de la costa
que es, éste, pueblo que sabe
andar aprisa y a solas
sin que la sed le acobarde
ni busque matas de sombra.
No son muchas las palabras
que puedes decir de prosa
silo mides por el ancho
de sus espaldas angostas.
En cambio, de abajo a arriba
te cabe cualquier historia
de los sudores que pasan
las familias labradoras.
Dame un buen vaso de vino,
Sauzal, que ya no es tan moza
mi sangre para subir
cuestas que a nadie perdonas.
No le envidia a los atletas
pértigas, domos ni botas,
Pues él salta a pie juntillas
del alto monte a las olas.
Tu carretera le abres
a las gentes presurosas,
mas tus confidencias guardas
para caminos y trochas.
Paisaje es este que tiene
un silencio de persona,
fidelidad de amor seco
y la hombría de una roca.
Todo aquí muestra el talante
del que se basta y se sobra.
Es sólo un brazo sin mella,
un brazo que lucha y forja
el destino de una mano
que jamás pidió limosna.
Cumbre, arriba; abajo, espuma.
Lo demás todo es alfombra
tendida sobre el silencio
de la esperanza más corta
de aquellos que dan al tiempo
tiempo, vendimia y zozobra.
Sauzal, sírveme unas perras
de tu intimidad más honda
que quiero la isla beberme
de un solo trago en tu copa.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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