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        SANTIAGO DEL TEIDE

A grupa de los contrastes
voy cabalgando las penas,
verde, mi frente, en el norte,
morenas y al sur, mis piernas.
El verano y el invierno
juntos en mi cama juegan:
uno me tira del pie
y el otro de las orejas.
No sé a qué carta quedarme
cuando las nubes se acercan,
si son gallinas de lluvia
o son gallos de pelea.
Dos animales dispares
me custodian y me pueblan:
el manso buey de la altura
oyendo crecer la hierba
y los colmillos de dogo
que el fuego aguzó a la piedra.
Río y lloro al mismo tiempo,
el mismo tiempo que ordena
los almendros en la Java
y en mi sangre las abejas.
A la reina aquí decimos
la mestra  de la colmena.
Sus partídas de ajedrez
entablan en mis laderas
los almendros con las blancas
y las lavas con las negras.
Sólo ganan los almendros
al venir la primavera.
Entonces llega la flor,
y sin pasar por la iglesia,
llámese nieve en la cumbre
o espuma por la ribera,
se echa vestida de novia
en los brazos que la esperan.
Luz posada y cielo a gatas,
mano cerrada y abierta,
cenizas, hijos, simientes,
roca en vilo y mar a ciegas,
esclavitud, libertad,
todo lo tocan mis cuerdas.
Pero no tengo dos caras
ni es mi casa con dos puertas.
Mi sudor no está en los mapas
ni hay dos sangres en mis venas.
Ni norte ni sur. Soy árbol
que crece sobre la tierra.
Cada uno está en su sitio,
al César lo que es del César,
que jamás me fui a pescar
los peces con escopeta,
ni las aves con anzuelos
ni mi jornal con quimeras.
Yo armonizo los contrarios
y sin llaves ni compuertas
me suenan pecho y espalda
en una misma moneda.
Y con la frente en la cumbre
y los pies en las arenas,
los almendros en la lava
y en mi sangre las abejas,
tengo tan sólo una muerte
vuélvame donde me vuelva.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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