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        ARONA
                II
    VALLE DE ARONA

Subiendo de Las Galletas
es todo el valle de Arona
una siembra de volcanes
saltando de loma en loma.
Pero a pesar del asombro
de tal rebaño de rocas,
no es la piedra revolcándose
en el fuego lo que importa,
sino como el hombre pudo
entrañar su vida toda
en cargárselos a cuestas
y sudarios gota a gota,
fraternizar con su sed,
tender el sueño en su costra
y en ellos dejar su muerte
para que tuviesen sombra.
Cuando por mi pensamiento
camino tierras de Arona
la soledad de la isla
se pone en pie a la redonda,
descalza, medio desnuda,
con su mandil de tahona,
cociendo el pan de la sed
desde la cumbre a la costa.
Una soledad tan hecha,
de tanto bulto y persona,
que te sientes pegada
al cuerpo como la ropa.
Y esta soledad sin tacha,
de tal manera te ahonda,
que se articula en palabras
que te golpean, y brota
de los ojos cuando miras
su abandono, cuando tocas
los horizontes vacíos
de un rumor de caracolas.
Y esta soledad sin tacha,
doncella que vive a solas
sedienta de agua y de amor,
duerme su sueño en Arona.
Que las retamas del Teide
den su repique de aromas
y le bajen ramos blancos
para celebrar sus bodas
cuando las aguas le vistan
su largo traje de novia.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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