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        TESTIMONIO

A María Rosa Alonso

Sí, aunque desaparezca,
quédeme esta palabra como un pájaro vivo,
volando siempre sobre los verdes de los campos,
haciendo nido en los cabellos de un corazón enamorado,
en el árbol más fresco del estío.
Sí, palabra mía, cangilón de mi voz,
florécete en el aire,
no te rindas las alas.
Con pasión y verdad has traspasado el día,
con sed madrugadora has movido la noche.
Contigo han sonreído los peces en mis ojos
y se me han desbocado rebeldías.
Contigo he sostenido la libertad en los brazos
y el amor en las yemas de la sangre.
Hija no eres mía; yo soy el que procede de tu trino.
Solamente por ti me he dado a todos.
Y cuando ya no pueda volver a acariciarte,
a gozar de tu sexo de muchacha;
cuando pierda la llave
para entrar en la casa sellada de mi cuerpo
y me quede por fuera de mí mismo,
no temas tu orfandad, palabra mía,
que alguien su soledad compartirá contigo
y labios que sonrían lo que piensen
harán de tu silencio una estrella fugaz.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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