anterior autor siguiente

        NOCHE DE EXTERMINIO

a Alfonso García-Ramos y Fernández del Castillo

No dio tiempo
a que las sirenas hirieran
los tímpanos del aire.
Súbitas explosiones
drogaron las alturas.
El ciempiés del espanto
atenazaba las gargantas.
Se metieron las piedras
debajo de sí mismas.
Sótanos, sótanos fueron
los campos, las ciudades.
Abajo, más abajo,
se hundían las raíces
del croar de los sueños,
las frentes oprimidas,
el papel de fumar del pensamiento.
Y desde aquel instante
los niños,
apretando sus dedos sonrosados,
—imi ángel! ¡mi luz! ¡mi flor!—
mamaron nubes radioactivas
del pecho de las madres.

autógrafo

Pedro García Cabrera


subir volver Hora punta del hombre (1970)   siguiente anterior
LOS ROBOTS DAN LA CARA
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio