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A Félix Duarte

No sé si es criminal que yo escriba un poema
junto a la mar, sentado en una roca,
mientras los pescadores
trabajan con sus barcas allá afuera,
cerca del horizonte.
Siento mi pensamiento más débil que sus brazos,
quiero hundirlo en el fondo de mí mismo
y es un corcho que flota a la deriva.
Aiizuelos de esperanza
lanzo uno tras otro a las espumas
y el pez de mi alegría sigue ciego,
rota la libertad de sus aletas,
sin hallar un rincón donde afianzarse.
Pero aquí soy un aprendiz de islas
y no debo olvidar los arenales
de esta academia libre de enseñanza.
Lás impurezas de la vida diaria,
el mezquino lugar común, los caminos
que no conducen a ninguna parte,
las algas de la angustia,
no me dejan llegar a donde quiero.
Es necesario que desnude el alma,
que me nazca otra vez
y que mi oscuridad de galeote
entre en la mar y se convierta en ola
que deje en los cantiles y las playas
la rebeldía que en mi llanto habita.

(1960)

autógrafo

Pedro García Cabrera


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