anterior autor siguiente


A Agustín Millares Sall

Hombre soy de las islas
que toma el sol y bebe lejanías
sentado en las terrazas de la mar.
Mas, ¿por qué tantas puertas
interiores cerradas,
tanta arena de oscuridad en la sangre,
tantas sienes
que murmuran esperanzas que desconozco?
¿Y esa voz,
esa otra voz que nos desnuda,
que nos solidariza con las olas
y grita en la garganta de otros hombres,
es sólo risco,
aulaga,
sed o contrapunto mío?
Alguien me está llamando desde adentro,
alguien que no consigue abrir mis ojos
aunque su aliento ronde mi palabra,
tan cercano a la orilla de mí mismo
que me debo alejar de mis rumores
para poder oírmelo en los labios.
Sé que no es soledad, que tiene un nombre
que se parece mucho a rebeldía.
Huya de mí el descanso hasta que horade
en todas direcciones las montañas
y brote al fin esta palabra huida
en el canto del agua liberada.
Aún no sé si la distancia es llanto.
Distancias en el mar no son las mismas
que las de tierra firme, bien atadas
a nuestros pies. Las otras, las del mar,
son más veloces
y no se les da fin, no se aproximan.
Por eso lloran, se nos van llorando
su poca vecindad, su nomadismo,
que no puede tomarnos en los brazos
para subirnos hasta nuestro sueño.
Mas creo que tal vez sea sonrisa
mucho mejor que llanto esa distancia
que nos abre la puerta en ese muro
que esquiva la esperanza de encontrarnos.
Y sólo sé que soy melancolía
cuando le miro el rostro a esas distancias.

(1962)

autógrafo

Pedro García Cabrera


subir volver Las islas en que vivo (1971)   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio