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A Antonio Vizcaya Carpenter

Casi nunca la mar en esta costa
tiene llano el sonido.
Por mucho que la trates en familia
siempre hay en su lenguaje
expresiones que te hacen
levantar la cabeza.
Tú la sientes bullir, te estás oyendo
en sus espejo de voces,
la escuchas trabajar tus rebeldías,
labrar por las rompientes
los arenales de tus inquietudes.
Lejos, en ella, mar adentro,
no habla:
su soledad está entera.
Sólo cuando una isla
pone un pico de pájaro en las aguas
rompe a cantar
y rebasa el pudor de su silencio.
Y así el isleño todavía entiende
el rumor de la mar que le rodea
como la intimidad donde descansa
el camino de la última alegría.

(1963)

autógrafo

Pedro García Cabrera


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