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A Tomás González y González

Tengo un amigo marinero.
Sus palabras suenan a hombre
y si no es coloquial está callado.
Se sienta siempre contra el viento.
Lía su cigarrillo de tabaco de hoja
y lo enciende con su mechero de martillo.
Una tarde me dijo:
—La mar tiene hoy una picadera
que no hay quien la aguante.
Y otra:
—La yerga de la brisa
pasa por esa nube
y llega a Nueva York.
Ahora, miradle simplemente.
Acaso ya tan sólo diga las buenas tardes
al tomar el camino de su casa.
Fumar juntos es también conversar.
Y es grata la hombredad de su silencio.

(1963)

autógrafo

Pedro García Cabrera


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