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A Rafael Arozarena

También la noche cuenta en una isla.
Casi no tiene orillas.
Sus olas son idénticas,
pero la espuma es gris y los rumores
más silenciosamente concebidos.
Y su serenidad nos halla enteros,
recuperada ya a media parte
que se nos fue con la melancolía
de la ilusión inútil de encontrarnos.
Pero en la noche sí se encuentra uno.
La noche de la mar, que nos modela
la oscuridad interior, que nos intima
como una ola más de sus espaldas,
sin pedirnos el nombre
con que bautizaron nuestro sueño,
llámese Pedro, angustia o rebeldía.
La noche de la mar si la entendemos.
Somos los hijos de su sal batiente
y nos pone en la punta de la lengua
su palabra de llanto, el espejismo
de ver en su amargor nuestro reflejo,
que es también una isla de la noche
parpadeando en medio de los mares.

(1964)

autógrafo

Pedro García Cabrera


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