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        ELEGÍA DEL FRIJOL

Nuestra, Neruda, la noche

Cómo me duele
este riñón de grajo
al que no le recetan
hervir en las cocinas.
Cómo agarra la noche
en mi cara de túnel
sin tener la amistad
del carbón encendido.
Nadie lo creería
viviendo sobre el ascua
del amor y del odio
igual que un guerrillero.
Toda mi angustia pide
una Sierra Maestra,
Che Guevara;
ser el punto de mira
de bocas y de ombligos
o convertirme en plomo
de fusil en tu mano,
en silbo de una bala,
lenguaje contundente
con que se llega ahora
al corazón del hombre.

Los niños retadores,
los niños siniestrados,
los niños que me arden,
los niños que me apremian.
Cómo desearía
dar jaque mate al hambre
jugando una partida
de ajedrez con sus dientes.
Aunque parezca el negro
borrón de mis hermanos
mi dolor llega al rojo
y al blanco de la ira,
color universal
que unifica arcoíris
de infancias que se mueren
en un corro de lágrimas.

Que no me siembren más
en páramos de luto:
germinaré un infierno
de truenos y relámpagos.
No quiero ser gatillo
de pólvora de hieles,
blasfemia de abundancia
del paladar de nadie.
Sembradme en una mano.
Quiero ser alimento
de los que necesitan
masticar las auroras
y sentir cómo irrumpe
su sangre en la mañana.
Mi muerte será entonces
la alegría
del aire en sus cabellos.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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