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        SECRETARIA DE CONSUMO

La invitan a cenar
nubes en salsa de tomates
y mitos con cebollas.
Los bocadillos
de ave de paraíso los reservan
para tus desayunos de máquina contable
y sexo de mochuelo o de lechuza
según el año sea de mujer o de hombre.
No metas el bolígrafo en el bolso.
Déjalo con su dieta
de números romanos.
Ni tampoco el teléfono.
Que se olvide de citas automáticas
su disco de amapola
menstruando en una mesa de fornica.

El texto de tus senos y tu vientre
los signas en vestidos taquigráficos
cuando el sol se despierta.
Sus colores asépticos
duran una jornada
de paloma o de grifa.
Todo depende del desodorante
que florezca tu rosa de los vientos.

Luego,
con la noche vencida,
fluyes del anagrama de tus ropas
y se queda al desnudo tu lenguaje
de pan, vino y pereza.

No importa que confundas
caderas por molinos,
muslos por andoriñas
y anzuelos por pestañas.
Siempre serás la misma fumarola
traduciendo tus mentas.

Y otra vez a endosar muy señor mío,
la ópera no cabe en mis sostenes,
prefiero un chapuzón de roc and rol
en la pecera de una discoteca.

Y así hasta que te rayes y procrees
un hijo domador o domadora
de rascacielos o de rompenieves
si antes la CIA no te pasaporta
a castrar morrocoyos en la luna.

autógrafo

Pedro García Cabrera


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