anterior autor siguiente

  LA LÁGRIMA DEL CARPINTERO

Cuando la oscura noche se encendía
con el fulgor de plata de la luna
José encontró un pesebre como cuna
y abrigo en un rincón para María.

«Me iré por leña, se dijo, que la fría
soledad de esta cueva tan ayuna
se vuelva más caliente con alguna
rama de olivo mientras apunta el día».

Y al regresar de pronto vio una lumbre
que incendiaba  por dentro aquella cueva.
Por su rostro rodó la buena nueva

en forma de una lágrima encendida,
atónito al mirar  la dulcedumbre
que es ver nacer la causa de la vida.

autógrafo
Pedro Miguel Lamet


subir volver Génesis de la ternura (1986)   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio