Si Garcilaso volviera,
yo sería su escudero;
que buen caballero era.

  Mi traje de marinero
se trocaría en guerrera
ante el brillar de su acero;
que buen caballero era.

  ¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
que buen caballero era.

autógrafo

Rafael Alberti, 1924


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