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Volaron águilas, leones
gimieron vencedores. Alas lívidas
despliega en mi cabeza el vino.
Y un orden puro, como el de la noche
en torno de las mesas, se construye.

Y aunque nada es seguro, me deleito
en el lugar de la amistad ahora.

Como puño de tierra es lo que hacemos;
como otoño en las ramas, que anticipa
un crujido de brasas a la tierra
descolorida de mañana.

Tal vez alguien nos mira, que se ríe;
alguien burlándose nos mira.

Y ciertamente pasa: no son verdes
los brotes nuevos todavía,
y el tronco ya es de viento y sin raíces.

Escribo: “este momento”, y el momento
en el que escribo se fue. Ya tan borrado,
ya tan irreparable como siglos
de antes que naciera.

Pero nadie me quita el encontrarnos,
la riqueza fortuita y la emboscada
tendida por la suerte que se oculta
en los atrios del día.

Olor como de estar lloviendo,
como de frutas húmedas, mercados,
la memoria me habita, me sumerge.

Quizá dormidos somos,
verdades de dormidos conocemos.
Tal vez alguien nos mira que dormimos.

Y yo te invoco en sueños, y me salvo,
y al salvarme te salvo si me escuchas.

Rubén Bonifaz Nuño


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