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    ABROJOS - XLV

¡Su padre los echa! Yo, ha poco, lo he visto,
soberbio, iracundo, lanzarlos de allí.
No importa, hijos míos; diré como Cristo:
«¡Dejad a los niños que vengan a mí!»

autógrafo

Rubén Darío, 1886


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