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        CANCIÓN

Estaba el corazón lleno de voces
en esa hora de inquietud traslúcida
cuando la tarde toca sus oboes,
en el confín azul de la floresta.

Estaba el corazón lleno de voces.
Pálidas sombras dialogaban lejos
al son de los nostálgicos oboes
mientras la noche caminaba, tácita.

Estaba el corazón lleno de voces.
Hasta la tierra, de las altas nubes,
bajaban lampos de cambiante nácar
entre el hondo rumor de los oboes.
Y en esa cercanía del crepúsculo
estaba el corazón lleno de voces.

autógrafo

Rafael Maya


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