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        EVA

        FRAGMENTO

Besó Dios Padre con amor su frente,
Y cual risueño niño entre la cuna
Abrió los limpios ojos blandamente
La Eva primera, la única inocente,
Y cual primera, hermosa cual ninguna.

Los ángeles que a Dios acompañaron,
Cuando esos ojos a la luz se abrieron,
Quietos y silenciosos la miraron,
Y al subir otra vez, la faz tornaron,
Y las pupilas húmedas sintieron.

Nunca obra de mortal salió correcta,
Ni hubo beldad sin disputada palma,
Sólo Eva la feliz, la predilecta,
Era de toda perfección perfecta,
En rostro, en cuerpo, en corazón y en alma.

Si usamos ver mujeres ¡ay! tan bellas
Que eclipsan con su luz la luz del día
Y apagan con sus ojos las estrellas,
Eva, hermosa una vez por todas ellas,
¿Qué maravilla de beldad sería?

Todo en Adán denuncia al soberano
Del universo, al magistral modelo
Que cinceló la omnipotente mano;
¡Vedle! Elástico, audaz, erguido, ufano
Va hollando el polvo y contemplando el cielo.

Y todo en Eva, del Señor señora
Y alma flor de su ser la está diciendo
Tipo de la adorada seductora
Que desde Adán, para vencernos llora,
Y nos doma y subyuga obedeciendo.

Palpita en el cristal de su hermosura,
Alta, esbelta, magnífica y suave,
Un corazón abismo de ternura,
Y el fuego celestial de una alma pura
Que ni su amor ni su inocencia sabe.

Sus ojos, otro cielo generoso
Que por luz vierte amor y llueve llanto
Al corazón del bendecido esposo;
Veíase aún en su fondo un glorioso
Reflejo del Señor, límpido y santo.

Su frente, espejo fiel de un sol sereno
De nunca perturbadas alegrías;
Su ardiente boca, el cáliz siempre lleno
De la felicidad, que en esos días
No guardaba una gota de veneno.

Ya era de besos delicioso nido
Y orlado en rosa de acendrado aliento,
Y era suya esa voz... oro fluido,
Alma escapada, néctar del oído,
Que embriaga el corazón y endulza el viento.

Encuadrando aquel busto ancho y turgente
Flota en cascada de oro a espaldas della
Su blonda cabellera reluciente;
Y es su traje nupcial digno presente
Del mejor padre a la mujer más bella.

Su pecho en grato vértigo, al amante
Al despertar perplejo herir debía
Cual doble catarata palpitante,
Blanca, deslumbradora, fascinante,
Que a un misterioso abismo le atraía.

Eva, toda visible en gracias era,
Porque de lo alto el serafín pudiera
Verse encarnado en el querube humano,
Reconociendo al par natura entera
Su exquisito compendio soberano.

La luz del sol, la agreste colgadura
De primiciales flores, la segura
Pureza y paz del mundo, eran su velo;
Y globo de cristal de esa escultura,
La diamantina bóveda del cielo.

Y como el bronco mar, vasto, imponente,
Para ceñir la mansa tierra umbría
Y fecundarla activo en su corriente,
Así, y uno para otro, únicamente.
Allí de Eva a los pies su Adán yacía.

Y así eran bellos ¡No, mucho más bellos!
Que hoy el sumo ideal sólo es despojos
De aquella realidad colmada en ellos,
La ciencia, con satánicos destellos,
Empañó el sol abriéndoles los ojos.

Ganando esa del mundo triste ciencia
Perdieron la divina, la presencia
De Dios, supremo bien; y ya no es dado
Al hijo de la noche y del pecado
Ni verte, ni soñarte, ¡oh inocencia!

¡Oh hermosura celeste...! Aunque hoy sonría
Y perverso en tu pérdida se engría
El humano Luzbel cuando te nombra.
En caza eterna, en criminal porfía
Va persiguiendo tu ilusión, tu sombra,

Para borrarla cruel. Bien sabe cuanto
Nuestra felicidad perdió contigo;
Conoce el salvador benigno encanto
Que aún ejerce tu sombra, hechizo santo,
Y por eso tenaz es tu enemigo.

¡Cuál tu poder y tu esplendor sería
Si hoy mismo nos inflama y extasía
Tu sombra, tu mentira, hasta tu nombre!
Y eso que de ti queda, es todavía
Imán en la mujer, gloria del hombre.

Mas todo en Eva y en su Adán dilecto
Plenitud armoniosa respiraba,
Sin vago azar, sin saciedad de afecto,
Su perfecta inocencia, amor perfecto,
Y perpetuo como ella, aseguraba.

Y a fin de hacerles saborear Dios pío
Más suya y propia de ellos su ventura,
Cual flor de su conciencia y su albedrío
Hízoles libres, máximo atavío
Que asemejó al Creador la criatura.

Y hasta un cielo en el mundo darles quiso,
Terrestre imagen del sublime cielo
Donde él impera y ama; y de improviso
Vieron en torno suyo un paraíso
Al rasgar de sus párpados el velo.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Y a par que Adán, naturaleza entera,
Como entre embelesada y envidiosa,
Contemplaba a su dulce compañera;
Que Dios le ha dado, en su creación postrera,
Una rival, fecunda cuanto hermosa.

Llevadas del imán de una sonrisa
Trémulas boca y boca se besaron;
El sol su luz amortiguó indecisa,
Y tierra, y mar, y embalsamada brisa
En acorde dulcísimo cantaron:

«¡Salve, oh hija bendita de su sueño!
Estaba solitario, estaba triste,
Y en balde fue nuestro obsequioso empeño.
¡Salve, oh hermosa que a alegrar viniste
La triste soledad de nuestro dueño!

»Acepta el parabién de tus amores
Y el eterno tributo que te damos,
Para ti son nuestras pintadas flores;
Para ti nuestros dulces ruiseñores
Y las perlas y esencias que creamos.

»Símbolo de abundancia y alegría
¡Oh esposa! escucha proclamar tu nombre
Y tu triunfo a cuanto alumbra el día;
Perlas da el mar, la tierra flores cría,
Mas tú, ¡oh reina! al rey del mundo, al hombre».

Abril: 1857.

autógrafo

Rafael Pombo


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