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        AL CAMPO

(Fragmento de una silva contra la ambición).

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Llévame allá, querida Poesía,
Do fuera de esta atmósfera viciada,
Libre pueda volar el alma mía.
¡Cuánto me es enojosa
Aquesta agitación, este comercio
De crimen y ridícula falsía!
Ahogado aquí el hombre
En fango de interés, busca uno en vano
La dignidad e imperio de su nombre.
La razón al capricho se sujeta.
Es arte la beldad, abrasa el fuego
De seducción, no amor, los corazones;
La amistad, etiqueta;
Y todo, inmenso juego
De embozadas y míseras pasiones.

¡Oh! ¡Lejos! ¡Lejos! aire
Que respirar, y luz, y campo abierto;
Náufrago que azotado
Por borrascoso mar, divisa el puerto,
Le pisarán mis pies, y yo de hinojos
Himnos te cantaré: tú me has salvado
Abriendo a un rayo de tu luz mis ojos.

Recuérdeme que vivo
De apareadas aves el arrullo;
La fresca aura que bate
Con temblador murmullo
El bosque a cuya sombra el sol esquivo;
La brisa de salud que la vacada
Despide en la alborada;
El potro que retoza fugitivo
Y se pierde ondulando en la llanura;

La limpia y ancha piedra
Donde lea, y medite, y sueñe, y ame
Entre un nido de sombra y de frescura;
Y el humo de la choza
Que a descansar me llame;
Y la solemne voz que desde lejos
Una campana envíe
De una torre que se alce solitaria
Del moribundo sol a los reflejos:
Voz cuyos tristes dejos
Suspendan mi camino
Y pongan en mis labios la plegaria.

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¡Bien haya el venturoso
Cuya pobre barquilla
Flotó desde el nacer sobre esta fuente
De bendito reposo,
Y siempre abandonado a su corriente
Nunca tocó la populosa orilla!

Él, sin otro horizonte
Que su choza querida,
Labrado surco y retirado monte,
Día tras día, sin cuenta, poco a poco,
No vio escurrir la copa de la vida.
Y harto vivió: su blanca cabellera
Copió en él un patriarca; ya cumplida
Estaba su carrera;
E hijos y nietos su rugoso cuerpo
Recostando en los brazos,
Cual de pimpollos rodeada higuera
Que entre sus verdes hojas emblanquece,
Murió, y así las flores de su campo.
Y así un olor que el aire desvanece.

Para el pobre aldeano
(Porque él tiene también quién le acompañe)
Muchas lágrimas hubo
En el cortejo fúnebre y callado.
«¡Padre!» clamaban todos, y no tuvo
Fosa con más labores
Que una cruz y de llanto salpicadas
Frescas, piadosas, expresivas flores.

Bogotá, noviembre 1º: 1851.

autógrafo

Rafael Pombo


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