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    UNA LÁGRIMA DE ANGELITA
        (INÉDITA)

He admirado siempre en ti
La belleza de los ojos,
Esa que en vivos sonrojos
Se enciende hablándote así;
Mas hoy, cuando dar te oí
En congojosa efusión
Un adiós, admiré el don
Mejor que naturaleza
Te pudo hacer: la belleza
Sin fin, la del corazón.

La primera es sol de un día,
Rosa de una primavera,
Y ¡ah! si tan breve no fuera,
Flor de otro mundo sería.
La otra, siempre en medio día,
Ignora el viento y el hielo,
Y si este lóbrego suelo
Aromatiza y encanta,
Es porque Dios la trasplanta
De los jardines del cielo.

Sabio el Señor la escondió
En invernáculo ardiente
Donde ni cierzo inclemente
Ni osada mano alcanzó;
Pero en su bondad mandó
Que oprimiese a veces tanto
Su propio fuego aquel santo
Cáliz, que brotase dél
Lo que en flor del mundo es miel
Y en flores del cielo, llanto.

Bella es, y rica en valor,
La perla luciente y blanca
Que del mar al fondo arranca
Su atrevido explorador,
Mas ¿quién no precia mejor
La que del fondo divino
De un corazón femenino
Arranca el dolor crüel,
Prenda y testigo el más fiel
Del afecto más genuino?

Si nada cual la primera
Orna gentil y abrillanta
Una mórbida garganta
O una oriental cabellera,
La otra brilla donde impera
Vuestra dulzura o crueldad,
Y allí añade a la beldad
De la mujer la hermosura
Del ángel, la magia pura
De la sensibilidad.

La perla del mar vale oro,
Y al comprarla él la pagó;
Mas ¿qué tesoro compró
De un corazón el tesoro?
Es su moneda ese lloro
Que el interés falsifica,
Pero cuando significa
El corazón que la da,
Solamente otro podrá
Alhaja pagar tan rica.

Cuando a encantarnos conspiran
Dios y la naturaleza,
Y en una misma belleza
Las dos bellezas se admiran,
Cuando en ti mis ojos miran
Luz que entre llanto destella.
Yo exclamo: «nunca más bella
Saliste del tocador;
Nunca vi perla mejor
Ni en mejor lugar que aquélla».

Alma en que hay tanta ternura
Y que tales perlas da,
No menos aprecio hará
De su mejor hermosura;
Y puede vivir segura
De mi noble admiración:
Que es de poetas misión
Y su más gloriosa palma
El ser joyeros del alma,
Mineros del corazón,

Para ser original,
Tu otra belleza no canto,
Se elogia ella misma tanto
Que yo lo hiciera muy mal,
Y ¿en qué mágico raudal
Mojo esta pluma que acierte
A dar las tintas  que vierte
El cielo en ti? ¿Qué expresiones
Dan tu expresión?  ¿En renglones
Quién esas líneas  convierte?

Lo más que puedo ensayar
Es ver si enlazo a la historia
De tu llanto la memoria
De aquel que te vio llorar;
Mas si esto es poco a salvar
Mi recuerdo, apelo aquí
A un talismán que de ti
No hay cosa que no consiga:
El recuerdo de esa amiga
Por quien llorando te vi.

Nueva York, 1º de julio: 1867.

autógrafo

Rafael Pombo


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