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            LOS SEGADORES PASAN

A Pedro de Répide

Los segadores pasan por la vetusta corte
de los Felipes: desde las montañas del Norte
vienen hacia Castilla. Forman compacta hilera,
que desdobla su rumbo por la corte a manera
de una lenta parvada de pájaros. Las voces
de estos hombres fornidos suenan a lejanías,
un rayo de Sol triste reverbera en sus hoces
y sus canciones tienen viejas melancolías.

Pasan cantando, pasan riendo, pasan dando
su alma ingenua a los aires. Y se alza un himno cuando
pasan, indiferentes, al través de la vida:
tal es piedra rodada; tal es hoja caída
¡Oh, felices las almas que sin cavilaciones
hacen su marcha envueltas en risas y canciones!
Ríen, cantan. Las risas de estos hombres fornidos
tienen mucho del canto de las aves: sonidos
de hojarascas, arroyos y vientos. Gran frescura.
Gran ensueño. Gran vida. Gran amor. Gran natura.
Y los cantos, los cantos de las tierras lejanas,
de las novias difuntas, de las madres ancianas,
de las cosas perdidas, de los viejos amores,
toman no sé qué rara voz en los segadores,
que, con sus trajes llenos del polvo del camino
y sus hoces en alto, van de cara al Destino,
ocultamente tristes y cantando y riendo
cual queriendo olvidarse de todo entre el estruendo.

Signa a veces la idea de sus frentes hurañas
una arruga, que brota de las mismas entrañas;
y por entre la tierra prendida a sus pestañas;
se adivinan los ojos — ojos que han recogido
en las siestas tranquilas de las horas sin ruido,
la visión de las vastas llanuras con sus olas
de trigo salpicado de ardientes amapolas.
Ojos contemplativos de una expresión intensa
los de estos segadores cuya mirada piensa;
mirada fatigada como oxidada espada
que quiere decir mucho, pero no dice nada
Los segadores pasan por la vetusta corte
de los Felipes: desde las montañas del Norte
vienen hacia Castilla.
                                      Yo les he visto en una
noche dormir al raso, bajo un temblor de Luna,
que brillaba en las hoces y ponía en la mente
la visión perfilada de su cuarto creciente.

autógrafo

José Santos Chocano


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