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        LA ISLA

Inflámase la isla, allá, a lo lejos,
con los sanguíneos besos de la tarde,
mientras haciendo el sol su último alarde
dora del mar los límpidos espejos.

Asilo de pósteros reflejos,
la isla por el sol de pasión arde;
y a su pie el mar inclínase cobarde,
llorando triste sus amores viejos...

Antes de que Moisés con fuerza extraña,
a un golpe, del peñón de dura entraña
sacar lograse el manantial que encierra,

alguien hizo más grande maravilla,
¡porque golpeó con mágica varilla
en la mitad del mar... y brotó tierra!

autógrafo

José Santos Chocano


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