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        EL BUEY

El buey, que de paciencia se reviste,
cruza a calmar la sed en el torrente,
mientras corre el novillo alegremente
tras de su hembra que a amarle se resiste...

Nada tan duro y tan cruel existe
como el yugo sufrir del impotente;
y tener ¡ay! que doblegar la frente
cuando se alza el amor. ¡Nada tan triste!...

Palpita el ansia que fecunda y crea;
y ante el cuadro triunfal de los amantes,
parece que hasta el árbol palmotea...

El buey se cubre de un sudor de fragua;
tiembla; los ve con ojos vergonzantes;
inclina la pabeza y bebe su agua...

autógrafo

José Santos Chocano


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