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        LA ÚLTIMA HOJA

Ha terminado el libro. En él mi amada
verá flotar recuerdos de su vida,
cual humos de una hoguera ya apagada.
El campo, de sus galas se despoja;
¡y así mi último verso es la caída
de la última hoja!

El invierno se acerca: es un sombrío
leñador que va ai campo por las ramas
que en el hogar ahuyentarán el frío,
secas, carbonizadas, crepitantes,
relamiendo el brasero con las flamas
y lanzando explosiones de diamantes.

Mi último verso en las campiñas vibro:
nunca el viento invernal, haciendo mofa,
jugará con las hojas de mi libro;
que antes de ver, entre indecibles penas
morir helada la floreal estrofa,
como Petronio me abriré las venas.

Mi amada y yo mañana envejecidos,
cuando, al leer mi libro, contemplemos
nuestra dicha en el mar de los olvidos,
entre el tumulto de las olas vanas,
después de zabullir, sacudiremos
con altivez nuestras cabezas canas...

Es preciso callar. ¡Mudo el abismo,
respeto da y pavor! Mi alma aterida
se aquieta y duerme en hondo escepticismo,
al ver que el nadador más inexperto
se burle de las olas de la vida,
sólo con aprender a hacer el muerto.

No importa. Aunque la gloria en los mortales
hojarasea es no más, cual la barrida
del campo por los vienros otoñales,
torno a la lid, y con el arma quiero
marcarle nuevos rumbos a la vida
y darle otro destino al mundo entero!

En la ciudad de bronca algarabía,
acaso extrañaré la mansedumbre
con que la aldea mi furor enfrena;
pero vendrán a la memoria mía,
entre la clamorosa muchedumbre,
derrotas de la mar sobre la arena...

Es preciso callar. Rompo mi lira
ya que el Invierno tormentoso viene,
rígido en su dolor, frío en su ira.
¡Soy como un padre que en su amor prolijo,
viendo al hijo morir, por fuerza tiene
que abrir la tumba y enterrar al hijo!

autógrafo

José Santos Chocano


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