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  EL MANGUITO, EL ABANICO Y EL QUITASOL

Si querer entender de todo
es ridícula presunción,
servir sólo para una cosa
suele ser falta no menor.
Sobre una mesa cierto día

dando estaba conversación
a un abanico y a un manguito
un paraguas o quitasol;
y en la lengua que en otro tiempo
con la olla el caldero habló,

a sus compañeros dijo:
«¡Oh, qué buenas alhajas sois!
Tú, manguito, en invierno sirves;
en verano vas a un rincón:
tú, abanico, eres mueble inútil

»cuando el frío sigue al calor.
No sabéis salir de un oficio,
aprended de mí, pese a vos,
que en el invierno soy paraguas,
y en el verano quitasol».

También suele ser nulidad el no saber más que una cosa; el extremo opuesto del defecto reprendido en la fábula anterior.

firma autógrafa
Tomás de Iriarte


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facsímil Facsímil Edición 1872
Voz: Edith Checa Voz: Edith Checa