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        EN EL ANIVERSARIO
      DEL 4 DE JULIO DE 1776

Sagrada libertad, numen de vida,
Que tu cetro divino
Por Atenas y Roma esclarecida
Otro tiempo tendías,
Y a sus pueblos felices animabas,
Y vida, fuerza y esplendor sembrabas
Donde tu planta férvida ponías,
¿Brillar y perecer fue tu destino?
En Europa infeliz, te busco en vano,
Y de tu altar en vez do quier me aflige
El simulacro vil de algún tirano

En América está; salvó las ondas
Del terrible Océano,
Y huyó proscripta del antiguo mundo.
Un siglo y otro más, plácidamente
Aqui moró; mas la opresión tirana
Osó violar su asilo. Enfurecida
Se alzó la libertad, y mil guerreros
Desnudan las espadas,
Y constancia al poder, muerte a la muerte,
Contrastan por do quier. La diosa fuerte,
De acero y majestad la frente armada,
A la opresión soberbia desafía,
Y de natura las eternas leyes,
En memorable día,
A los pueblos anuncia y a los reyes.

«¡El hombre es libre!» dice, y del aplauso
Sube al cielo el clamor. «Hombres, iguales
Os hizo Dios. Quien bárbaro os oprime
Ofende a la razón, insulta al cielo.
Es justo el resistir, santo y sublime.
Luchad, héroes, venced, y en vuestro suelo
De paz y de justicia,
De libertad y luz, de dicha y gloria,
La semilla feliz en vuestra sangre
Robusta brotan. Pueblos del mundo,
Hijos de un padre sois, vivid hermanos,
Y el vengador acero
Reservad solamente a los tiranos».

¡Día de bendición! Cincuenta veces
En la revolución de su carrera
Te trajo el sol a iluminar al mundo.
¡Oh! ¡cómo a tu calor dulce, fecundo,
En vida y en placer hierve la tierra!
De un mar al otro mar no hay ya tiranos.
Por ciudades, montañas y desiertos
Lleva el hombre la plácida conciencia
De su seguridad: su altiva mente
En contemplar su dignidad se goza,
Y al cielo sin rubor alza la frente.
América feliz, fuerte y hermosa,
Ceñida en torno de sus hijos fieles,
Y a terrible defensa preparada,
Se ostenta majestuosa coronada
Con verde oliva, estrellas y laureles.

¡Día de redención! La voz sublime
Que escuchaste tronar de todo un mundo
Resuena en la extensión, y por do quiera
Rompen los pueblos la cadena fiera
Que a sus cuellos cargó la tiranía.
De mar a mar, del norte al mediodía,
De libertad el árbol se ha plantado.
América feliz bajo él adora
De la santa igualdad el dulce imperio,
Y los vientos de oriente al hemisferio
Llevarán su semilla bienhechora.

(1825)

autógrafo

José María Heredia


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